viernes, 4 de septiembre de 2015

FRIENDS OF GLASS

¡¿Qué pasa bloggers?!

¡¡Feliz vuelta al cole!! Espero que hayáis pasado un verano estupendísimo y que hayáis descansado y disfrutado tanto como yo. Qué rápido pasan estos meses, ¿verdad?.

A mí me ha dado tiempo a hacer un montón de cosas y hoy os cuento una de ellas.

A principios de Julio me ofrecieron la posibilidad de asistir a mi primer evento blogger, un "gastroevento" como digo yo. Como os podéis imaginar, me hizo muchísima ilusión y pasé los días previos con un montón de nervios, ¡jaja!.

Y por fin llegó el momento.

Para entrar en calor me dijeron que tenía que ir al Kitchen Club y ya estaba que no me sujetaban las piernas, ¡jaja!. Conozco este sitio porque una amiga dueña de un restaurante (del que ya hablaré algún día) ha estado varias veces y siempre me ha contado maravillas, pero para mí, por unos motivos u otros, siempre ha sido bastante inaccesible.


Sí, la foto no es preciosa, pero es la entrada al Kitchen Club, lo prometo

Y ahí estaba yo, de los nervios y feliz. Por suerte, nada más llegar conocí a Sergio, el que fue mi sensei durante toda la velada y que consiguió que no me muriese de vergüenza ante tanta gente (sí, soy tímida, y mucho). Tiene una web súper chula llena de recetas de todo tipo además de consejos y otras cosas, que os recomiendo visitar muy mucho.

Tras un breve (pero delicioso) picoteo comenzó el evento.

Lo organizaba Friends of Glass que, como ellos dicen, es un movimiento de personas concienciadas con el medio ambiente que defienden las ventajas del vidrio frente a otros materiales.

Todo el que me conozca mínimamente sabe que todo lo relacionado con ecología, medio ambiente, reciclaje, etc, me interesa muchísimo, así que la charla que nos dieron al comienzo me pareció realmente interesante. Destacaron que al ser un material inerte y natural, ayuda a proteger la salud y conserva los sabores (si tenéis botellas de plástico, directas al contenedor amarillo). Además es completamente reciclable por lo que es 100% ecológico. Se puede meter en el horno, en el microondas, es resistente y duradero.. Lo dicho, pasaos al vidrio.

Ah, en la web tenéis un test muy cortito acerca de vuestros gustos y costumbres que os dirá qué sabor os identifica. A mí me salió fresco (que no fresca, graciosillos), ¡hacedlo y me contáis!


¡A descubrir sabores!

Y eso es lo que hicimos, descubrir sabores, puesto que la segunda parte del evento fue una cata de trampantojos la mar de divertida. Por si alguien se lo pregunta, un trampantojo es una elaboración con aspecto de algo que realmente no lo es. Algo así como el melocotón en almíbar con nata que hacíamos de pequeños simulando un huevo frito, pero más cool (y bastante más rico).


En todo momento estuvo con nosotros Carlos Pascal, un chef increíble que además de guapo y majete cocina como los ángeles. Se encargó de contestar a todas nuestras preguntas y nos fue presentando cada plato representante de un sabor distinto.


Dadme un cuchillo y moveré el mundo, ¡jeje!

[[¡¡Intentad averiguar los trampantojos!! Tenéis la solución al pie de cada foto :) ]]

Empezamos con un sabor aparentemente aburrido, el soso, pero que no os engañe, este falso yogur con fruta estaba bien rico.

Crema de coliflor y patata con mermelada de remolacha.

Lo siguiente que probamos fue un delicioso champagne muy, muy fresco. ¿Alguno adivina lo que es?

Agua de gazpacho y espuma de pepino

A continuación llegó el salado: un chupa chups bien sabroso.

Foie relleno con nuez y cubierto con gelatina de frutos rojos

El ácido es uno de mis sabores preferidos y este ceviche me dejó boquiabierta.


Falsos palitos de cangrejo de corvina y remolacha

El picante no es uno de mis fuertes pero sashimi de atún superó todas mis expectativas.


Sandía macerada en salsa de soja

A lo mejor el amargo no es de vuestros sabores preferidos, pero os aseguro que esta guindilla estaba para chuparse los dedos.

Chocolate (90%) con gelatina de frutos rojos y tierra de brownie

Y para acabar, uno de los más esperados, el dulce: doble hamburguesa con queso.

Macaron con nutella, gelatina de mango y patatas de manzana

Auténticas delicias, ¿verdad? Estaba todo muy, muy bueno y sin duda alguna fue una experiencia sorprendente.

Antes de irnos a casa nos deleitaron con algunas elaboraciones más (¡aún sueño con la tarta que queso!) y nos obsequiaron con una bolsa para reciclar vidrio, una monísima caja con alimentos representativos de cada sabor, un delantal (que a mi chico le queda que ni pintado, ¡jeje!) y pudimos cocinar el falso yogur.

¡Regalos, regalos!

Antes de despedirme quiero darle las gracias a Carlos, ya que gracias a él pude participar en este maravilloso evento, y también a todo el personal de Kitchen Club por lo atentos que fueron en todo momento y a Friends of Glass, porque creo que hacen una labor realmente buena tanto para los consumidores como para el medio ambiente.

Feliz como un regaliz :D

Ahora sí que me despido. Un beso muy, muy grande a todos y mil gracias por leerme.

¡Feliz final de verano!

Carolina.

P.D. Más de 28.000 visitas. ¡Sois increíbles!

martes, 7 de julio de 2015

MANUAL DE SUPERVIVENCIA II: ALEMANIA

¡Hola caracolas!

¿Cómo va el verano? Madrid ya es de nuevo ese infierno de calor que tanto tememos todos los años, pero al menos ya se han acabado las clases, los exámenes... ¡Y muy contenta! Tanto estudio y curro ha dado buenísimos resultados :D

Vamos al lío.

Tengo un montón de sitios que enseñaros, pero esta entrada va a ser un poco distinta a lo habitual: a principios de Junio hice un maravillosísimo viaje con mi chico y mi padre recorriendo el noreste de Alemania, gran parte de Polonia, y ya de vuelta a España, Londres y Brighton; así que hoy os voy a contestar a dos sencillas preguntas: qué comer en Alemania y dónde comer en Alemania.

Antes de nada tenéis que tener en cuenta un par de cosas: lo primero son los horarios, ya que a pesar de que en las ciudades grandes podéis comer y cenar casi a cualquier hora, en los pueblos y ciudades más pequeñas, la hora de comer ronda las 13:00 y la de cenar las 20:00. Y lo segundo es el sentido común (que es el menos común de todos los sentidos), es decir, aprovechar menús del día, evitar las calles turísticas con restaurantes con menú en la puerta, huir de los manteles de tela, etc.

Ahora sí que sí. ¡Comenzamos!

Nuestro road trip comenzó en Potsdam, una "pequeña" ciudad a unos 35 km de Berlín con unos parques enormes y preciosos dignos de recorrer una y otra vez, por lo que lo mejor será empezar con un buen desayuno.

A esto me refería con un buen desayuno

Potsdam es una ciudad muy, muy turística así que no tendréis ningún problema para encontrar un restaurante donde comer, pero como nuestro presupuesto era bastante ajustado decidimos dejar los restaurantes para otro día y degustar nuestro primer currywurst (¡¡madre mía lo que me ha gustado a mí el "currigús"!!). En una de las calle principales encontramos el The best hot dog donde por menos de 5€ te puedes tomar un perrito (o salchicha con curry) y una bebida la mar de ricos.

Rico, rico y con fundamento

Y si queréis tomar un café o un postre, justo al lado vais a encontrar el Eismanufaktur, una cafetería monísima donde ponen unos cafés enormes y unas tartas y helados riquísimos. En general, el café es bastante más caro que en España (y no está tan bueno, todo sea dicho), pero del tamaño no nos podemos quejar.

¡De lo más cuqui!

Esa misma noche dormimos en Kropstädt, una pequeñísima pedanía muy bonita pero prácticamente deshabitada, lo que supuso un pequeño viaje a Wittenberg para cenar. Después de unas cuantas vueltas buscando algún sitio abierto, dimos con el Witten Burger, que como podréis imaginar, es una hamburguesería en pleno centro de la ciudad. Fueron muy amables ya que nos hicieron cena a pesar de ser más de las 21:00 y lo cierto es que las hamburguesas (unos 8€ cada una) estaban realmente ricas.

Aunque no lo parezca, las bandejas son cerámicas. ¡Muy chulas!


Tal y como he dicho antes, los desayunos son realmente importantes y no hay mejor manera de empezar el día, ¡jeje!

Creo que esto es lo que más me gusta de viajar

Ese día visitamos Leipzig (una bonita ciudad por la que pasear) y a la hora de comer, improvisamos unos bocadillos (lamentablemente no hay fotos de los susodichos). Por la tarde vimos Dresde (sin duda una de las ciudades más maravillosas que jamás he visitado) y como tampoco comimos nada allí, os enseño una foto mía, para que veais que no me invento nada, ¡jeje!

Dresde enamora

Hicimos noche en Görlitz, la última ciudad antes de pasar a Polonia, que tiene una bonita catedral y un montón de callejuelas en las que perderse. A pesar de no ser especialmente turística, tiene muchos restaurantes, pero la mayoría de ellos son bastante caros y en plan "delicatessen". Por suerte, encontrarmos la pizzería Capri, donde cenamos maravillosamente por unos 12 € por persona.

Una ensalada caprese bien sana y fresquita

Dos pizzas muy sabrosas y unos canelones bien ricos

Y para terminar, una panna cotta de chocolate

La mañana siguiente dimos el salto a Polonia, pero de eso os hablaré en la próxima entrada de "Manual de superviviencia".

Tras recorrer Polonia, volvimos a Alemania para pasar un par de días en Berlín y visitar a fondo esta preciosa (y enorme) ciudad.

Como ya he dicho Berlín es grande, muy grande, enorme, y si solo tenéis 48 horas para verla, id con la idea de tener que andar cerca de 20 km diarios, no tener mucho tiempo para descansos y que la lluvia os puede sorprender en cualquier momento. La ventaja de ser tan grande y cosmopolita es que podéis encontrar un sitio donde comer/cenar prácticamente a cualquier hora pudiendo elegir entre una gran variedad. Pero hay ciertas cosas que tenéis que probar sí o sí, ya estéis en Berlín o en cualquier otra parte de Alemania:

  • Los pretzels: son unos panecillos con forma de lazo tanto dulces como salados. Los podéis encontrar tanto en tiendas, como en restaurantes, como en puestos por la calle. Aunque su origen es alemán, en Polonia y Austria también son muy típicos.

Hé aquí un pretzel de lo más apetecible

  • La cerveza: cerveceros, éste es vuestro país. Cervezas de todos los tipos, tamaños, colores... Y no especialmente cara. Para los que no nos gusta la cerveza, siempre nos quedarán los refrescos y el agua.
 
Lo sé, la foto podría haber sido mucho mejor
  • El codillo (en todas sus variantes), las salchichas (bockwurst, bratwurst, etc), el chucrut (col en todo su esplendor), las chuletas de sajonia (kasseler), patatas (kartoffel)... ¡No os podéis ir de Alemania sin comer al menos un pedacito de todo esto! Y sí, hay montones de sitios, pero hay uno que se lleva la palma: la archiconocida cervecería HB. La original está en Múnich, pero está tiene la misma esencia: grandes cantidades de cerveza, sabrosa y abundante comida, música en directo, buen ambiente, decoración tradicional... Y mucha gente con ganas de pasarlo bien. Lo cierto es que es un sitio muy turístico, pero merece mucho la pena. No es caro (unos 15€ por persona) y las raciones son más que generosas.
  
¡No dejamos ni una miguita!
  •  El currywurst (currigús para los amigos): es la comida rápida alemana por excelencia, tanto para los que salen a mediodía de trabajar como para los que vuelven de fiesta de madrugada. Habitualmente es una salchicha (de cualquier variedad) en rodajas con curry espolvoreado y ketchup y/o mostaza y/o mayonesa. Además, para los más valientes, hay una versión picante también muy sabrosa. Se sirve en una bandejita de cartón y suele ir acompañada de patatas fritas. Sinceramente, podría haber sobrevivido los 10 días a base de currigús, ¡qué cosa tan rica y tan sencilla! En mi opinión, los mejores son el Curry 61  (mi preferido) y el Curry 36 (sí, los nombre son de lo más original), pero podéis encontrar locales de este tipo por todas partes y ninguno con precio superiores a 5-6€ por persona. Realmente merece la pena.
 
Currywurst de mis amores y perrito caliente para el señor
  • Y por último, es necesario que probéis un strudel, y si es un apfelstrudel, mejor que mejor. Los strudel son deliciosos pasteles enrollados rellenos de fruta, queso... El apfelstrudel está relleno de manzana y se toma como postre, merienda e incluso para desayunar. Soy una gran apasionada de los pasteles de manzana y creo que comí al menos uno diario en este viaje. La lástima es que no siempre pude encontrar uno casero... menos mal que siempre hay un Mc Donald's a mano, ¡jaja!
    
¿Para cuándo la vuelta de los pasteles de manzana a España?


Bueno, aquí se acaba la aventura alemana. No está mal esta primera parte, ¿verdad? Lo único que falló fue el tiempo, pero por lo demás no tengo ni una queja.

Espero que os haya gustado esta entrada tan especial y si alguien quiere información sobre hoteles, carreteras, lugares de interés, etc, que no dude en preguntar.

Un besote muy grande a todos y ¡a disfrutar del verano!

Carolina.

domingo, 26 de abril de 2015

ORSO MATTO

¡¡Muy buenas a todos, queridísimos bloggers!!

¿Cómo vas las cosas? Como os podéis imaginar yo estoy en pleno zafarrancho universitario, así que estoy como loca por que llegue ya Junio y las vacaciones :)

Por suerte, entre práctica y práctica, y examen y examen, y curro y curro, saco tiempo para descubrir sitios tan maravillosos como el que os presento hoy. Y os confieso algo: estoy nerviosilla. ¿El motivo? Bien sencillo: por fin hemos encontrado un restaurante de 10; sí, después de casi 3 años comiendo (y malcomiendo) hemos dado con un sitio al que fuimos incapaces de sacar ni una sola pega (y reconozco que buscamos y buscamos, y nada).

Dicho lo cual, vamos a ello, y espero que mi texto esté a la altura (¡qué nervios!).

Os presento el Orso Matto, un pequeño restaurante italiano que se encuentra en la calle Gaztambide 35 (metro Argüelles, L3, 4 y 6). Antes de ir, podéis entrar en su web y curiosear entre los platos que sirven (se os va a hacer la boca agua, ¡aviso!), o en página de Facebook donde podéis ver muchas fotos y leer más información.

Descubrimos este sitio de casualidad: los viernes al salir de la uni, vamos al cine por esa zona, y aunque ya habíamos pasado por delante varias veces, nunca nos habíamos decidido a entrar... hasta hace unos días, que íbamos con el tiempo justo y fue lo primero que se nos ocurrió.

La primera vez que lo vi, me llamó mucho la atención la fachada, con todo esos colores vivos, y la cristalera, y las plantitas... Vaya, que desprende buen rollo, y más aún me gustó cuando vi el detalle del cuenco con agua para perros que tenían en la puerta (¡minipunto para los chicos del Orso Matto!).

¡Cómo me gustan los colorines! ^^

Por dentro está decorado con mucho gusto: sin estridencias, con mobiliario sencillo, lleno de detalles y aire fresco. Sin duda se respira un ambiente muy agradable.

Sobre las paredes podéis ver todo lo que ofrecen para comer: piadinas, pastas, postres...

A pesar de que me gusta mucho la cocina italiana, tengo que reconocer que no soy una experta en ella, así que nos dejamos aconsejar, y muy acertadamente, todo sea dicho.

Por una parte pedimos una lasaña para compartir que ya de por sí tenía buena pinta, y al probarla nuestras expectativas se hicieron realidad: muy, muy, muy rica. Jugosa, con muchísimo sabor, a buena temperatura y la pasta en su perfecto punto. Genial. No se parece en nada a la típica lasaña que comemos habitualmente y realmente me dejó muy sorprendida. Por otra parte pedimos una piadina (una especie de crêpe súper ligero relleno de distintos ingredientes). Tenéis un montón donde elegir, pero si no os convence ninguna, os podéis hacer una a vuestro gusto. Nosotros escogimos la Porqueta, que llevaba espinacas frescas, queso y cerdo. Nuevamente me sorprendió que algo tan aparentemente sencillo pudiese estar tan bueno: las espinacas crujientes, el queso, pan un pelín tostado, la porchetta... Uf, ¡una delicia! ¡Me hubiese comido 20 más! ¡Jaja! Está claro que tendremos que volver para probarlas todas :)

Piadina (izq.) y lasaña (dcha.). Se me hace la boca agua...

Y como os podéis imaginar, no nos podíamos ir sin pedir postre. Habitualmente pedimos uno para compartir, pero esta vez la tentación era demasiado grande, así que elegimos dos (dos porque uno de cada nos parecía demasiado): tarta de flan y panna cotta. Tenían varias tartas para elegir, pero me quedé con la de flan por una razón muy boba: cuando era pequeña, mi madre me hacía una tarta todos los años por mi cumpleaños, y recuerdo que hacía una con relleno de flan que me encantaba, así que en cuanto vi ésta, quise probarla. Y acerté de lleno. "Mm, mmm, mmmm...", eso es todo lo que acertábamos a decir. En la escala Mmm del 1 al 10, le pondría un 11, lo dije aquel día y lo seguiré diciendo. ¡Pero qué buena estaba, j***! Y la panna cotta... ¡Ay la panna cotta! Mira que es difícil encontrar un sitio donde la hagan decentemente (pedir que la hagan bien ya es demasiado), pero es que ésta ¡estaba para ponerle un piso! Y el punto de las galletas y el sirope de frutos rojos, nos dejó maravillados.

De izq. a dcha: tarta de flan y panna cotta. Creo que no podrían haberme gustado más.

Ahora, hablemos de dinero: ¿cuánto creéis que nos costó todo este festín incluyendo las bebidas? Pues no llegó ni a 9 € por cabeza. Increíble, ¿verdad? La relación calidad/precio no puede ser mejor: pocos sitios conocemos donde la comida esté tan buena, sea casera, a buen precio y perfectamente atendidos.

Cierto, que casi lo olvido: nos trataron como a reyes, bueno no, mucho mejor que a reyes (que ya sabemos todos que últimamente la monarquía no está muy de moda). Súper amables, atentos, nos aconsejaron genial y ¡más majos que las pesetas!

Otro punto a favor es que fueron muy, muy rápidos (comimos en menos de media hora) y gracias a eso llegamos puntuales al cine.

A diario tienen una "pasta del día" a muy buen precio (creo que voy a empezar a cambiar los tuppers de la uni por un buen plato de pasta...) y además te puedes llevar la comida a casa. Y si no queréis comer ni cenar, podéis ir a merendar ya que no cierran por la tarde.

Valoración general: ahí va, un 10. Todo fue perfecto, nos gustaron hasta los baños. Se lo recomiendo muy mucho a toda la gente de Ciudad Universitaria y aledaños porque realmente merece la pena, tanto por la comida, como por el precio, como por lo bien nos trataron, como por la calidad de los ingredientes... Lo dicho: perfecto.

Bueno bloggers, ¿qué me decís? ¿Os hace un Orso Matto? :)

Más de una vez me han dicho que soy demasiado dura con las reseñas que escribo, pero este restaurante es el claro de ejemplo de que si algo me gusta lo voy a decir igual de alto que si algo no me gusta. Es una lástima que con lo grande que es Madrid no haya más sitios así de buenos y asequibles, pero bueno, ya se sabe que las buenas colonias vienen en frasco pequeño, ¿no?

Un besote muyyy grande a todos mis lectores y un GRACIAS así de grande para los chicos del Orso Matto, que se lo merecen de todo corazón.

Carolina.

P.D. Por si a alguien le entra la duda, la bebida de la lata negra (la que no es de cerveza, vaya), se llama Chinotto. Es un refresco con un sabor un tanto extraño (como a naranja amarga) pero bastante bueno. No tiene alcohol pero a mí me recordaba al sabor del Disaronno (¡cómo echo de menos currar en los Bajos, ay!).

miércoles, 25 de marzo de 2015

EL JARDÍN SECRETO

¡¡Feliz primavera, bloggers!!

Por fin se ha acabado el invierno (aunque no lo parezca), lo que significa que ya queda menos para la época de terrazo, la ropa de verano y lo mejor de todo: ¡las vacaciones! Pero no adelantemos acontecimientos, que aún tenemos por delante un montón de exámenes y demás cosas aburridas que hacer :(

Hace unos días fue mi cumple (ya 27, ufffff.....) y estuvimos celebrándolo en un sitio muy chulo (pinchad aquí si queréis un adelanto), pero hoy no os voy a hablar de él, ya que esta vez os voy a llevar al lugar donde celebramos el 30 cumpleaños de Tony hace un par de semanas y del que salimos totalmente fascinados.

Os presento El Jardín Secreto, un precioso restaurante en la calle Conde Duque 2 (metro Plaza de España L2, 3 y 10). Os aconsejo entrar en su web para que os hagáis una idea de qué os vais a encontrar y ya de paso ver fotos, la carta, etc.

Este restaurante nos lo recomendó mi amiga Gala y nos dijo que era un sitio guay para "eventos especiales", ¡y lo cierto es que acertó de lleno! También nos comentó que la decoración era "exótica" aunque yo no sabría muy bien como si es exótico, kitsch, selvático, de cuento de hadas (unicornios y enanitos incluidos) o de bosque encantado, el caso es que no deja a nadie indiferente. ¡Ah! Y tal y como nos dijo ella, la visita a los aseos es imprescindible ^^


En efecto, las fotos son malísimas, así que cotillead por Internet o mejor aún, vedlo en persona


[[Os adelanto que la carta es muy, muy extensa y los nombres bastante "complicados", por lo que tomaos vuestro tiempo para leer todas y cada una de las páginas]]

Otra de las recomendaciones que nos hizo, fue pedir algún cóctel y/o limonada, así que eso es lo primero que miramos de la carta, y tras un rato dándole vueltas al tarro elegimos dos cócteles sin alcohol: un Mai Tai (cuyos ingredientes no se pueden revelar) y un Citric Revolution (a base de un montón de cítricos bien ácidos).

Citric Revolution y Mai Tai. Una pasada, ¿verdad?

El Citric estaba especialmente bueno (adoro las frutas ácidas y mezclar cuantas más mejor), pero la presentación del Mai Tai nos dejó sin palabras, y estaba delicioso también.

Lo siguiente que pedimos fue un entrante. Tienen muchos donde elegir y los carpaccios de carnes exóticas (cebra, camello...) nos llamaban muchísimo la atención, pero como íbamos a pedir carne para los principales, acabamos eligiendo los aguacates rellenos (de maíz, melocotón, huevo, setas...) acompañados de salsa de yogur.

Hay que ver lo que me gusta a mí el agucate, ¡qué maravilla de fruta!

Como veis la ración es más que generosa, así que nos pusimos las botas y rebañamos la cazuela hasta dejarla impecable, ¡jeje! Rico, muy rico, no nos esperábamos que fuesen a estar tan buenos.

A los principales también tuvimos que darles más de una vuelta porque todos parecían tremendamente apetecibles, pero como solo podíamos elegir dos (una lástima no tener 4 o 5 estómagos y algo más de dinero, ¡jaja!) nos quedamos con el rabo de toro con chocolate y los canelones de confit de pato.

Rabo de toro (dcha) y canelones de pato (izq)

Mi madre siempre decía que un restaurante se ganaba su respeto si el rabo de toro estaba bien hecho; y yo opino lo mismo. En este caso, no solo se merece todo mi respeto, sino además una reverencia: jugoso, tierno, sabroso... ¡Una delicia! Los canelones de pato también estaban muy, muy buenos, y ni que decir tiene que mojamos pan hasta dejar el plato limpio, ¡jeje!

 Para el postre nos habían recomendado la carrot cake, pero encontramos algo que parecía hecho a nuestra medida: tarta de queso con salsa de chocolate. Tony es un grandísimo amante de las tartas de queso en todas sus variantes y a mí el chocolate me vuelve loca, así que os podéis imaginar lo que disfrutamos con este postre, ¡cosa mala!

¡Tarrrrta! Muy cuqui el detalle del corazón, ¿a que sí?

Aún se me cae una lagrimilla al pensar en lo buenísima que estaba :_) La próxima vez intentaremos probar otro, ¡pero no prometo nada!

Por todo lo que habéis visto/leído pagamos 48€, y creo que por 25€ por persona no se puede comer mejor.

Todos los camareros que nos atendieron fueron muy agradables y atentos, y a pesar de estar hasta los topes, no tuvimos que esperar más de lo normal entre plato y plato.

Como ya os digo, estaba completamente lleno, así que es indispensable reservar si vais en fin de semana o similares.

Solo abren por la tarde, por lo que también podéis ir a merendar y tomar una limonada o un té, o una copa ya más entrada la noche.

¡Uy! Casi se me olvida decir que parte de la carta es vegetariana, así que ¡no os podéis quejar, amigos veggies!

Valoración general: un 9.5. Fue una cena maravillosa, en un ambiente encantador y, además, con una compañía inmejorable, ¿qué más se puede pedir? Por poner algún pero os diré que pasé un pelín de frío (como es habitual en mí, por otro lado) pero supongo que fue porque estábamos pegados a la ventana (¡nos dieron una mesa de ensueño!). Otra cosilla sin mucha importancia también, es que nos trajeron el entrante antes que los cócteles, pero llegaron bastante rápido, así que tampoco fue problema. Lo que sí me llamó la atención fueron los aseos, que a pesar de ser muy monos, me parecieron excesivamente pequeños e incómodos, y no sé qué solución le darían a alguien con movilidad reducida que tuviera que usarlos.

Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Fue o no una noche fetén? Lo cierto es que os recomiendo este sitio muy mucho sobre todo si queréis sorprender a alguien (guiño, guiño) o si buscáis algo distinto con amigos.

Un besote muy grande a todos y que tengáis una felicísima primavera ^^

Carolina.

Pues hombre, guapos, guapos, no somos, pero la foto tiene su encanto ^^

martes, 24 de febrero de 2015

HATTORI HANZO

¡Hola de nuevo, foodies!

¿Cómo van las cosas? Tras un pequeñísimo periodo de vacaciones, vuelvo a la carga con la uni, curros, blogs y con muchas ganas de volver a sentarme con vosotros.

Llamadme pesada, pero os quiero dar las GRACIAS porque ya hemos superado con creces las 22.000 visitas y estoy que no quepo en mí de gozo, ¡sois de lo bueno lo mejor! Os pensaba hacer un regalito cuando superara las 20.000 pero a este ritmo no sé qué hacer ni cuándo, ¡jaja!

Hace unos días un amigo me decía que solo publico sitios donde todo está buenísimo, a buen precio y de genial calidad, y que echaba de menos alguna crítica no tan buena; así que hoy, para demostraros que no todo son buenas experiencias (sí, la vida del crítico gastronómico aficionado y poco solvente es muy dura), os voy a enseñar un sitio al que no tengo intención de volver.

El lugar de la discordia se llama Hattori Hanzo, una "taberna japonesa" situada en la calle Mesonero Romanos 15 (metro Callao L3 y 5). Tienen una web que lleva en construcción desde que el mundo es mundo, por lo que si queréis ver fotos, comentarios y demás, id a su página de Facebook.

Lo conocimos tras leer un artículo sobre él en el periódico, y tras la visita, podemos resumir la experiencia en una frase: "el buen márketing hace milagros".

Como habíamos leído que estaba bastante concurrido, decidimos ir un día de diario a mediodía esperando que hubiese menos gente. Y acertamos. O bueno, casi. Me explico: cuando llegamos había varias mesas vacías, así que no nos pusieron ninguna pega para sentarnos. Lo que nos pareció curioso es que en vez de ofrecernos una mesa, nos sentaran a los tres en fila frente a la pared, con las vistas que podéis ver en la foto.

Sí, mi bolso es precioso, pero la pared, no tanto.

Sinceramente, no me importó en absoluto comer en fila y de cara a la pared puesto que es algo muy habitual en los restaurantes asiáticos, lo que sí me molestó enormemente es que sentaran a los que entraron detrás de nosotros en una preciosa mesita la mar cool y que, al igual que nosotros, llegaban sin reserva.

Bonito, ¿verdad? Pero solo si puedes disfrutarlo

El sitio donde nos sentaron tenía otra enorme pega: la barra está a escaso metro y medio de las mesas de la pared por lo que tu espalda prácticamente da con la espalda del que está comiendo detrás de ti, y si a eso le añades que los camareros pasan continuamente entremedias, os podéis hacer una idea de la de codazos que nos llevamos.

La siguiente sorpresa fue descubrir que no se puede comer de carta a mediodía. Muy sorprendidos preguntamos que por qué no avisaban y la respuesta fue: "la página web está en construcción, pero lo hemos puesto en Twitter". Mi cara fue épica. ¿En serio me tengo que meter en vuestro Twitter para una consulta sobre vuestro restaurante? Es más, ¿tengo que estar pendiente de todos vuestros tuits para enterarme de que solo se puede comer de carta por la noche? En fin...

Así que, por no irnos con las bebidas ya en la mesa, pedimos de menú, ¡qué remedio! Por suerte tienen bastante variedad e incluyen entrante, principal y bebida por 12.50 €

Nuevo inciso: no esperéis comer en menos de 90 minutos. Solamente en traer los entrantes tardaron 20 minutos. E insisto: el restaurante NO estaba lleno y en ningún momento lo estuvo. Me parece increíble tener que esperar todo ese tiempo para comer dos sopas y una ensalada. Por suerte estaba todo bueno, aunque claro, muy mal tendrían que hacerlo para que una sopa miso y una ensalada wakame estén malas.

Sopa miso y ensalada wakame (¡me encantó el plato!)

Lo que no imaginaba, es que los 20 minutos de los entrantes se me iban a hacer cortos en comparación con los 35 que estuvimos esperando para tomar los principales. Pedimos un oyakodon (arroz, pollo y huevo), un tataki don (tataki de atún sobre ensalada) y un curry katsudon (cerdo empanado con salsa curry y verduras). Aparentemente todo tenía buena pinta y con el hambre que tenía podría haber devorado un elefante, PERO cometí el error de pedir el tataki.

Os cuento: el atún estaba de vicio, pero el error es servirlo en una cama de escarola sin aliño ninguno. Como todos sabéis (y si no, os lo digo yo), la escarola tiene un sabor bastante amargo y si no se come con algo más, resulta hasta desagradable. En teoría iba servida con una vinagreta, pero no vi ni rastro de ella. Si me preguntáis por el arroz del bol, os diré que no servía ni para hacer hormigón. Un desastre absoluto.

Sin embargo, tengo que decir que el oyako y el katsu curry estaban deliciosos, así que me comí el atún y piqué de los otros dos platos.

De arriba a abajo: oyakodon, tataki de atún y katsudon.

El postre no venía incluido, pero decidimos probar el dorayaki (a 3.50 € y preciosamente servido pero totalmente insípido) y un café (son tan cutres que no tienen máquina sino que es Nespresso y te cobran hasta 2.80 €). Ni que decir tiene que esperamos unos 15 minutos para que nos lo sirvieran y a día de hoy sigo sin encontrar un motivo coherente...

Todo lo bonito que tiene, le falta de sabor

Y cuando pensábamos que por fin podríamos irnos... ¡otros 15 minutos para pagar! No hay cosa que odie más que que me hagan esperar para pagar. Puedo entender que tarde la comida, que tarden en darme mesa, que tarden en... Lo que sea. ¿Pero en pagar? En esos momentos tienes la sensación de que les importa todo tan poco, que ni se molestan en ganar dinero.

Respecto a la comida ya está todo dicho. Ahora voy a tratar otro tema no menos escabroso.

A mitad de la comida, apareció como elefante en una cacharrería, una mujer dando gritos a todos los empleados (suponemos que era la encargada o similar), diciendo que la caja de la noche anterior no cuadraba y que venía sin comer. Acto seguido entró en la cocina y pudimos ver como se comía todo lo que tenía a mano (sí, la cocina está en medio del local y está acristalada, por lo que se ve perfectamente lo que ocurre dentro). Aclaro que ni se cambió de ropa, ni de zapatos y ni siquiera se recogió la larga melena que lucía. Poco después salió de la cocina (gritando, claro), se puso a arreglar las cosas de la barra y como no parecía contenta, volvió a entrar y comenzó a preparar platos con el resto de cocineros (y no digo ayudar en algo concreto, no, digo cocinar con todas sus letras y con todo lo que conlleva). ¿Falta de higiene? Por supuesto, pero según el restaurante no es algo tan grave, y si no, leed la conversación que tuvimos más tarde vía Twitter (su principal medio de comunicación, claro).

Y se quedan tan anchos.

Lo más gracioso vino después, cuando "alguien" empezó a insultarme por lo que había escrito, y yo, como buena twittera que soy, comencé a buscar más sobre este personaje y encontré que solamente se dedica a escribir mal sobre la gente que hace malos comentarios sobre el restaurante.

Ejemplos de elegancia en Twitter

Y aquí lo dejo, que si escribo más voy a empezar a decir cosas de las que pueda que me arrepienta (o no).

Valoración general: un 4, dos para el oyako y dos para el curry. Ni un punto para el personal (que mejor estarían haciendo cualquier otra cosa), ni para la higiene general (tendríais que haber visto los baños...), ni para su community manager (que ni reconoce los fallos, ni tiene educación). Y tal y como les dije vía Twitter, no volveremos.

Tremendo, ¿verdad? Una lástima que un sitio con "tanta fama" haya resultado ser una auténtica estafa. Por suerte, no todos los sitios que visitamos son así de malos, así que muy atentos a la próxima entrada que ahí sí que vais a querer ir :)

Un besote muy grande y que tengáis un felicísimo día.

Carolina.

P.D. Aún seguimos oliendo a fritanga. Espero que algún día de este milenio arreglen el gravísimo problema de extracción que tienen.

sábado, 24 de enero de 2015

EL AZUL DE FÚCAR

[[ACTUALIZACIÓN]]

Desde Noviembre de 2015 admiten pagos con tarjeta así que se merecen un 10 como una catedral :)


[[Visita de Enero de 2015]]

¡Feliz año a todos!

Sí, ya sé que prometí no tardar en volver, pero he tenido muchísimos exámenes y ni un rato para pensar en otra cosa que no fuese estudiar. Eso sí, tanto estudio parece que está dando sus frutos :)

Y para empezar bien el año os traigo un grandísimo descubrimiento y que espero que os guste tanto como nos gustó a nosotros.

Hace unos días, decidimos ir a un restaurante en la zona de Sol/Huertas que está muy de moda ya que pensamos que sería una buena idea para el blog, pero a pesar de ir pronto, había tantísima gente que casi ni nos pudimos acercar a la puerta. Un poco deprimidos y con bastante hambre, nos lanzamos a la búsqueda de un buen sitio donde cenar y no pasar frío, y prácticamente de casualidad (seamos sinceros, Foursquare nos ayudó) nos topamos con el restaurante que os presento hoy y del que quedamos totalmente prendados.

El Azul de Fúcar es una pequeña y acogedora cafetería/restaurante situada en pleno Huertas, en concreto en la calle Fúcar 1 (metro Antón Martín L1). De momento no tienen web, así que si queréis más detalles podéis entrar en su página de Facebook y ver algunas fotos.

Os sorprenderá su aire vintage y la tranquilidad que se respira: es un lugar perfecto para desayunos y meriendas cuando lo que menos importa es la hora.

Muy chulo, ¿verdad?

Habíamos oído hablar de las deliciosas tartas caseras que hacen, pero antes de ir a por ellas, teníamos que empezar por algo más contundente.

Otra de las cosas que leímos y de la que mucha gente hablaba era del "hummus con forma de Sol". Y otra cosa no, pero curiosa soy un rato, así que prácticamente lo primero que hicimos al sentarnos fue pedir una ración de hummus, para ir abriendo boca.

Completamente cierto: el hummus tiene forma de Sol

Ya solo con el aspecto sabíamos que no nos iba a defraudar, y así fue: muy rico, cremoso y una ración más que generosa para empezar bien la cena.

La carta no es especialmente amplia pero todo lo que tienen suena bien ya que combinan ingrediente de forma curiosa. Vais a encontrar entrantes, ensaladas, sándwiches, hamburguesas y tostas. Es importante decir que gran parte de sus platos son vegetarianos, así que amigos veggies, ¡no os podéis quejar de que no tengo nada para vosotros!

Tras un buen rato pensando, nos decantamos por las hamburguesas (aunque viendo los platos que pasaban, prácticamente cualquier elección hubiese sido buena). Tony escogió la Sloppy Joe (con carne de vacuno desmenuzada, varias salsas y acompañada de cus-cus), y yo elegí la vegetariana azul (con "carne" vegetariana en pan de pita y acompañada de ensalada aderezada con salmorejo).

Arriba la vegetariana y abajo la Sloppy Joe

Sinceramente, no sabría cuál de las dos me gustó más: ambas estaban súper sabrosas, muy tiernas y nos parecieron muy, muy originales. No dejamos ni una miguita y hasta la camarera nos felicitó, ¡jaja! En serio: increíbles.

Y por fin llegó el esperado momento: ¡las tartas! Tienen un gran variedad (y cuando digo "gran variedad" me refiero a que ¡nos dieron a elegir entre 8!) y, como ya he dicho antes, todas caseras. Claro, a cada cual más apetecible: dulce de leche, chocolate, queso, zanahoria, brownie, manzana... Como nos habían recomendado la de zanahoria fue la que pedimos, pero reconozco que había varias que me pusieron ojitos, ¡jeje!

La tarta de zanahoria estaba para ponerle un piso

Todo el tiempo estuvimos atendidos por una camarera súper agradable que se encargó de que pasáramos una velada estupenda. Además fueron muy rápidos (a pesar de tener todas las mesas llenas) y salimos realmente satisfechos.

Sin duda el precio es uno de los puntos fuertes de este restaurante: por todo lo que veis (además de dos bebidas) pagamos 26€, es decir, que con 13€ por persona se puede cenar estupendamente. Por si alguien está interesado en ir a mediodía, os puedo contar que tienen menú a buen precio, pero no lo hemos probado.

Valoración general: un 9.5. El Azul de Fúcar se ha convertido en uno de mis sitios preferidos, me ha conquistado, pero tiene un gran pero por el que no le puedo dar el 10: no se puede pagar con tarjeta, y suerte que entre los dos, y juntando monedillas, conseguimos reunir el dinero de la cuenta, que si no, nos quedamos fregando los platos. También podría quejarme de que pasé un poco de frío, pero soy bastante friolera, así que no creo que sea nada destacable ni que me vaya a echar para atrás a la hora de volver.

¿Qué os parece? ¿Nos reunimos todos y les hacemos una visita? Si vais alguno, contad conmigo, ¿eh? Que estoy deseando volver, ¡jaja!

Un beso grande, grande a todos y espero que os haya gustado esta primera entrada del 2015 ^^

Carolina.

martes, 16 de diciembre de 2014

ESPECIAL GOOD FAST FOOD

¡Hola de nuevo!

¡Qué poquito queda para que empiece (oficialmente) e invierno! ¡Y para Navidad! ¡Y para Nochevieja! ¡Y para Reyes! Es decir, ¡qué poco queda para comer y comer sin remordimiento! ¡Jajaja! Para los que me conocéis un poquito, ya sabréis que no me molan nada estas fechas, pero es época de vacaciones, así que habrá que disfrutarlas, ¿no?

Y como yo os quiero mucho, hoy os traigo una entrada triple con 3 sitios de "fast food de bien" para que nos os aburráis ni un solo día en estas fechas tan señaladas. ¡Empezamos!


AREPA OLÉ

Nuestra primera parada nos lleva al barrio de Chueca, en concreto a la calle Pelayo 2 (metro Gran Vía L1 y 5) donde se sitúa el Arepa Olé un pequeño restaurante venezolano donde su plato principal son las arepas, es decir, una especie de pan de pita de maíz relleno de multitud de ingredientes. En su web podéis consultar la carta completa así su blog donde también tienen fotos, curiosidades...

El local, los zumos, los postres, las arepas... ¡Yo repito!

Tienen una increíble variedad de rellenos, así que seguro que encontráis alguno que os gusta: pollo, verdura, jamón, queso... Y si no os convence ninguno (es decir, para los raritos), podéis elegir todos los ingredientes que queráis y mezclarlos a vuestro gusto. El precio no varía mucho entre unas y otras, de media son unos 4.30€ por arepa.

Además, también tienen tostones, postres típicos (a cada cual más suculento), zumos tropicales... Y como dato importante decir que pueden hacer las arepas con masa especial para celiacos.

Valoración general: un 8. Fue una experiencia muy buena, distinta y barata. Sin duda una gran alternativa para una comida rápida. La única pega es que tienen un horario un tanto "variable" y más de una vez hemos ido y nos lo hemos encontrado cerrado sin motivo aparente.


FELTMAN'S HOT DOGS

Nuestra segunda parada será en el Feltman's, uno de los pocos restaurantes de Madrid dedicados en exclusiva a los perritos calientes (tal y como indica su nombre, vaya). En nuestra ciudad tenemos dos, pero yo os voy a hablar del primero que abrió que está situado en la calle Sevilla 2 (metro Sevilla L2). Si entráis en su web podréis ver la carta (sin precios) y los locales.

El local y nuestra cena

Si os soy sincera, lo que más me gustó de este sitio fue la decoración: nunca he saltado el charco, pero me gusta imaginar que Nueva York debe de ser algo parecido a esto, ¡jeje!

Si hablamos del condumio la cosa se pone un poco tensa: ofrecen 4 perritos más o menos básicos por 3.25€ y multitud de salsas y condimentos a 0.40€ cada uno. A mi parecer el problema es que los perritos normales son tan básicos que tienes que echarles varias cosas para que se conviertan en algo distinto, y a poco que le eches te pasas de los 4€. Si a eso le añades una bebida y un postre y/o acompañamiento, el precio se dispara. Es cierto que tienen menús por 5€, pero como ya digo, son excesivamente simples.

En cuanto a calidad, no está mal: la carne es decente y los toppings y salsas bastante aceptables, pero las patatas estaban horriblemente rancias y los postres eran industriales a más no poder.

Por último decir que no tiene mesas ni baño, y que la camarera que nos tocó fue muy borde y cuando aún quedaban 15 minutos para que cerraran, nos echó del local [[NO es la de la foto, que quede claro]].

Valoración general: un 6.5. Un sitio curioso al que hay que ir al menos una vez por puro cotilleo.


BOLERO MEATBALLS

Nuestra tercera y última parada es en uno de los grandes descubrimientos del año: la "albondiguería" (creo que no existe esa palabra...) Bolero Meatballs, situada en pleno centro en la calle de las Conchas 4 (metro de Callao L3 y 5). No tienen web pero sí página de Facebook donde vais a encontrar fotos, el horario...

El local y nuestra cena: tapa, menú, bocadillo individual y postre

Ya solamente la estética del lugar te da buen rollo y ni que decir tiene, que el buen olorcillo ayuda un montón, ¡jeje! Dentro no tienen mesas (en la calle tienen 2 o 3) pero hay dos zonas de barra bastante amplias.

La carta es sencilla: albóndigas, todas ellas muy ricas y caseras. Podéis elegir entre 4 variedades (una de ellas, vegana) y una especial que van cambiando todas las semanas. Los precios son muy asequibles: tapas de una albóndiga 1.5€ (por si queréis probar alguna en concreto), bocatas o raciones por 4.5€ y menú (con bocata y acompañamiento) por 6.5€. Además, podéis pedirlo todo grande (por 1.5€ más) o que sea picante (cuidado, es MUY picante). No recuerdo el precio de las bebidas, pero sí recuerdo que no nos pareció caro.

Los postres tienen todos buena pinta, pero nosotros elegimos el brownie y os puedo asegurara que es de los mejores que he probado nunca: riquísimo.

Valoración general: un 9.5, porque estaba todo muy, muy bueno (tanto las albóndigas, como las patatas, como el brownie), fue barato y nos atendieron súper bien. Lo único que puedo decir en su contra es que todas las salsas pican un poco, y yo lo del picante no lo llevo muy allá.


Y aquí se acaba este especial sobre fast food. ¿Os ha gustado? Madrid es muuuuy grande así que seguiremos investigando para poder ofreceros una segunda tanda, que seguro que os apetece después de probar estos tres sitios.

Un beso grandote a todos y por si acaso no me da tiempo a volver a escribir: ¡felices fiestas!

Carolina.