jueves, 30 de marzo de 2017

CATA DE CERVEZAS CON VINOPREMIER

¡Muy buenas a todos!

¿Cómo habéis empezado el año? Yo entre exámenes, trabajo y demás no tengo ni un minuto libre, pero por fin voy viendo la luz al final del túnel, así que tampoco me puedo quejar. :)

Hoy os traigo una entrada algo distinta de lo habitual pero espero que os guste y os anime a probar cosillas nuevas. ¡Comenzamos!

Todo empezó cuando decidí hacerle un regalo de Navidad "distinto" a mi tío JR. Pensando, pensando se me ocurrió llevarle a una cata de cervezas artesanales (sí, ambos tenemos el gen foodie) y para ello elegí a Vinopremier.

Vinopremier es una tienda online de vinos y cervezas (entre otros) que además realiza catas y dispone de dos sedes donde además de vender sirven unas tapas deliciosas. Nosotros fuimos al de la calle Francisco Silvela 25 (metro Diego de León L4, 5 y 6), pero os aconsejo entrar en su web y echarle un ojo a todo.

Antes de empezar la cata nos dieron una charla muy amena sobre el proceso de elaboración de la cerveza, sobre sus ingredientes, los tipos de cerveza, historia, anécdotas... Realmente fue muy interesante, y para alguien tan poco entendida en el tema como yo, resultó la mar de entretenido (eso sí, ya no me acuerdo de prácticamente nada, ¡qué desastre de memoria!).

La primera cerveza que probamos se llamaba Er Boquerón, que realmente sabe al verano mediterráneo porque ¡lleva agua de mar! Además tenía un ligero sabor a plátano estupendo. 4.8% vol.

Esta valenciana se llevó un bien merecido 6.

La segunda en llegar fue la Cerveza Castellana Ahumada, que nos llevó directamente a un otoño frente a la chimenea. Nos encantó a todos. 4.8% vol.

La toledana se ganó un 7, casi la mejor nota de la noche.

La tercera que catamos fue La Sagra blanca de trigo, que tenía unos toques cítricos increíbles y que nos sirvieron juntos a unos quesos deliciosos. 5.2% vol.

También de Toledo y también con una muy buena nota: 6.5

La cuarta cerveza que degustamos fue Sansa, rojiza, con un olor bastante peculiar y bastante amarga. 6% vol.

La barcelonesa no nos acabó de convencer y se quedó con un 4.

La quinta que apareció fue la Mamba Negra, que tenía un toque como de café o chocolate muy, muy interesante. 7.8% vol.

De nuevo una toledana se ganó un 6.5

Y la sexta y última cerveza que nos trajeron (como veis, el queso fue desapareciendo misteriosamente...) fue una Senador Volstead etiqueta negra que fue la gran vencedora de la noche. Un cuerpo dulce y un regusto a bourbon hacen de ella una delicia. 8% vol.

Otra de Toledo que se lleva una notaza: un 8.

Si os pensabais que habíamos acabado, estáis muy equivocados, porque nos deleitaron con una última cerveza: ¡Ay, Carmela!, una prima de la Sansa pero mucho más amarga. Creo que no le gustó a nadie, pero para gustos, colores.

Nos encanta Barcelona, pero esta cerveza no llegó ni al 3.

Bueno, bueno, bueno, ¿qué os ha parecido? Interesante, ¿verdad? Sin duda alguna es una experiencia que recomiendo muy mucho a todos aunque no seáis muy fans de la cerveza, ¡os vais a sorprender! Como recomendación os digo que reservéis con tiempo, ya que nosotros tuvimos que esperar dos meses hasta encontrar fecha. También os recomiendo ir a sus locales porque suelen tener ofertas de tapas y cervezas súper interesantes.

Y aquí nos quedamos hoy. Un besote muy grande a todos y sabed que ya estamos rozando las ¡63.000 visitas! ¡Mil gracias!

Carolina.

¡Qué bien lo pasamos y qué guapos estamos!

viernes, 23 de septiembre de 2016

PANELA & CO

¡Hola, hola!

¿Cómo va la cosa, comilones? Como habréis visto llevo desaparecida unos cuantos meses, y es que por temas personales he tenido que dejar muchas cosas de lado para centrarme en otras, pero ¡he vuelto!. Pensé cerrar este blog puesto que mi tiempo para él cada vez es más escaso, pero tantos y tantos sitios increíbles que enseñaros que me he negado a no compartirlos con vosotros aunque sea tan de Pascuas a Ramos.

Hoy os presento el Panela & Co, una preciosa cafetería/restaurante de lo más cool en pleno barrio de Salamanca, en la calle López de Hoyos 10 (metro Gregorio Marañón L7 y 10, o Núñez de Balboa L5 y 9). Tienen una página web bastante molona donde podéis ver fotos, carta, precios, horarios, etc.

Conocí este sitio buscando en la red de redes un buen brunch con una única condición: que fuese a diario. Parece que los que trabajamos los findes y festivos no tenemos derecho a darnos un capricho culinario de vez en cuando, pues gracias a Panela & Co pude (por fin) disfrutar de un brunch de lo más delicioso ya que durante el verano también lo sirven de lunes a viernes. Sinceramente: GRACIAS.

¡Ay, cómo me gusta el verano!


Tras ojear un rato la carta y discutir sobre lo que íbamos a pedir, comenzó el festín.

Para empezar pedimos un café latte y un hot chocolate (me da igual que sea verano, el chocolate es bien siempre), además de limonadas de frambuesas, limón y menta súper fresquitas y deliciosas.

Más bonito, imposible.


Lo siguiente que degustamos fueron unos riquísimos waffles con nutella y plátano y un yogur cremoso con fruta (kiwi, mango, fresas y plátano). Soy muy fan del yogur y os puedo asegurar que éste es de los mejores que he probado, aunque también tengo que reconocer que los waffles estaban de pecado.

Los waffles y el yogur, ¡qué maravilla!

Y ya para terminar, nos decidimos por los huevos benedictinos con salmón ahumado y acompañado de patatas guisadas y ensalada, y un bagel con queso, aguacate, claras de huevo revueltas y espinacas. Los huevos son un must en cualquier brunch y tengo que decir que estaban de maravilla, pero el bagel mereció mucho la pena también.

¡Qué rico estaba todo!

Todo lo que veis, nos costó unos 20€ por persona y los pagamos con gusto: estaba todo muy bueno, con unos ingredientes de primera y la atención del personal fue estupenda también.

Además de los brunch, podéis ir en cualquier momento a tomar un café, a desayunar, a merendar (las tartas tienen una pinta increíble) e incluso a comer, ya que tienen una extensa carta con todo tipo de platos deliciosos y saludables, y que tengo muchísimas ganas de probar.

La decoración es súper sencilla pero preciosa

Y hasta aquí la entrada de hoy. ¿Quién se apunta a la siguiente visita? ¡Porque yo estoy deseando volver!

Un beso grande a todos los que me seguís y nos vemos el próximo día :)

Carolina

viernes, 26 de febrero de 2016

ESPECIAL GOOD FAST FOOD II

¡Hola de nuevo!

¿Qué se cuece en vuestros pucheros? Por Madrid el mal tiempo no da tregua, pero nada mejor que la lluvia para refugiarnos en un sitio calentito y tomar algo con los amigos, ¿verdad?

Hace ya unos cuantos meses publiqué una entrada sobre cómida rápida de calidad, y visto que muchos nos habéis pedido una segunda parte, aquí la tenéis.

Si la vez anterior nos centramos en la zona de Sol y alrededores, esta vez os propongo tres sitios estupendos por Azca (metro Nuevos Ministerios L6, 8 y 10), el distrito financiero de Madrid donde cada día trabajamos cientos y cientos de personas en una maraña de edificios, maletines y tacones.




Para empezar os llevo a PAPERBOY, un pequeño y nuevo restaurante de perritos calientes de autor la mar de interesante. Lo podéis encontrar en la calle Orense 10 (tened cuidado porque no está muy a la vista ya que se sitúa en un callejón). Os dejo su página de Facebook para que veáis más fotos.

Paperboy

Todos los perritos suenan interesantes, pero como solo tenemos un estómago, nos decidimos por Le Parisien (con mostaza antigua, compota de manzana y cebolla, rúcula y queso de cabra) y el New York Times (con cheddar, bacon, cebolla carameliza y salsa barbacoa). Como veis, son de un buen tamaño y las patatas fritas estaban casi tan buenas como los perritos. Disponen de varios tipos de salchichas para elegir e incluso una variedad vegetariana.

Además pedimos unos tequeños ("fingers" de quesos venezolanos muy, muy ricos) y jalapeños rellenos de cheddar (yo no los probé, pero Tony flipó). También tienen unos cuantos "bocadillos redondos" y varios postres (el pastel de zanahoria me hacía ojitos, pero unas chicas se llevaron la última ración, ¡ay!).

Los entrantes salen por unos 3.5€ y los perritos por 4-5€, así que por menos de 10€ podéis comer estupendísimamente. Añadir que las camareras fueron muy amables y el cocinero y responsable del Paperboy se preocupó de que todo estuviera perfecto. Sin duda alguna, volveremos a menudo :)




Nos cambiamos de continente para visitar el MAKI, un restaurante japonés con varios locales por todo Madrid. El que visitamos nosotros está en Castellana 89 y si entráis en su web podréis ver la carta completa, precios, fotos, etc.

Maki

Esta visita la hicimos con mi compi de curro y amigo Manu, y los tres coincidimos en la buena calidad del pescado y el punto del arroz (muy sorprendente, la verdad). Pero también tengo que decir que tanto las gyozas como los udon y el yakisoba estaban bastante insípidos y resecos.

Lo que veis en la foto son la bento y la sushi box, que salen por 8 y 10 € respectivamente. Si pedís platos sueltos sale bastante más caro, así que la opción de las box y los kombos es muy recomendable.

Me gusta mucho la estética de los locales de Maki y no sé cómo lo hacen para tener un personal tan eficiente y rápido en todos los restaurantes. Aquí también volveremos ^^




Por último nos vamos a un clásico entre los clásicos, las hamburguesas, para ser exactos las hamburguesas de THE GOOD BURGER. Hay un montón por toda España, pero el "mío" está en Castellana 91 (en su web podéis encontrar el "vuestro" y ver fotos y promociones).

The Good Burger

A simple vista os puede parecer un sitio más, pero os aseguro que las hamburguesas del TGB están realmente buenas (las que veis en la foto son la Gaucha y la Pull Pork BBQ). Quizá sea el pan (tirando a dulce), o la carne (100% ecológica según nos cuentan) o el ambiente (completamente hipster, y la decoración, incluida la de los baños, es genial), pero nos encanta. Tienen 9 hamburguesas a elegir (una de ellas para vegetarianos que me gustó más de lo que esperaba) y unos cuantos perritos bastante buenos también. Las ensaladas son grandes y las patatas fritas merecen la pena. Los entrantes y los postres también tienen buena pinta, pero no los hemos probado.

El único pero es que no tienen menús, aunque reconozco que es barato: hamburguesas unos 4€ y perritos y patatas fritas 2,5 €. Por unos 8€ se puede comer y quedar satisfecho (aprovechad las ofertas, merecen mucho la pena). Y sí, aquí también nos encontraréis con frecuencia ;)




Bueno, ¿cómo lo veis? ¿Se ofrece alguien para quedar a tomar algo después del curro? ¡Jeje!

Espero que os haya gustado esta entrada y que os sea de utilidad, que a veces es más difícil de lo que parece encontrar sitios buenos, bonitos y baratos (y más aún si vas con prisa).

Un besote a todos y ¡nos vemos en la siguiente entrada!

Carolina

viernes, 12 de febrero de 2016

CUANDO SALÍ DE CUBA

¡¡Muy buenas a todos!!

¿Qué? ¿Cómo se plantea Febrero? Yo por fin he acabado los exámenes (con resultados variopintos) y ya estoy de nuevo con las pilas cargadas para afrontar un nuevo cuatrimestre :)

Por lo que sin más dilación os voy a contar nuestro último descubrimiento.

Os presento Cuando salí de Cuba (sí, tal y como sospecháis es un restaurante cubano). Lo podéis encontrar en pleno centro de Madrid y a escasos pasos de la Puerta del Sol, en la calle de la Ternera 4 (metro Callao L3 y 5). No he encontrado página web ni nada similar, pero espero que mi reseña os dé un empujoncito para verlo en directo ^^

Tengo que reconocer que habíamos pasado por delante un montón de veces, pero nunca se nos había ocurrido entrar, así que cuando mi amigo Pablo (otro foodie y colaborador de este blog) nos dijo que teníamos que era un sitio que a él le gustaba mucho, no nos los pensamos dos veces. Y allí nos plantamos.

Aparentemente es un sitio pequeño, pero lo cierto es que tiene un par de zona muy acogedoras con paredes llenas de fotografías relacionadas con Cuba con las que nos quedamos embobados un buen rato, ¡jeje!

Felices y contentos (y con hambre)

Nos sorprendió comprobar que nuestros vecinos de mesa eran cubanos, y al poco entraron más, es decir, la noche prometía ser realmente deliciosa (y sí, lo fue).

La carta es muy amplia y la camarera se ofreció para echarnos un cable ante el desafío de elegir. Tras darle un par de vueltas decidimos pedir un par de entrantes y un plato principal para compartir (foodieconsejo: siempre que dudéis a la hora de pedir, escoged todo para compartir).

Adoro los aguacates, así que nuestra primera elección fue una ensalada de aguacate (también la hay con papaya, pero yo no soy especialmente fan de esta fruta) servida solamente con cebolla, aceite, sal y vinagre. El aguacate estaba en su punto perfecto y para ser un plato tan sencillo, me encantó.

Tony es un incondicional de las papas rellenas, por lo que eran completamente imprescindible pedirlas. De nuevo el punto era el justo y el relleno de carne picada, pimiento y tomate estaba muy bueno. Llevaba de acompañamiento zanahoria rallada y nos la comimos porque somos incapaces de dejar nada en el plato, pero todo sea dicho: no pegaba ni con cola.

El plato principal que elegimos para compartir ("plato fuerte" como pone en la carta), fue el habanero, que parecía ser el típico arroz a la cubana de toda la vida pero en su versión más auténtica. Desde pequeña me gusta muchísimo este plato y recuerdo pedírselo a mi madre cada vez que me preguntaba que qué quería para comer, así que probar el original fue todo un placer.

Como veis en la imagen, constaba de arroz blanco, huevo "frito", maduro frito (plátano, para que nos entendamos), picadillo habanera (muy similar al relleno de las papas o quizá el mismo) y... ensalada de lechuga y tomate con la ya famosa zanahoria rallada (sigo sin entender qué pintaba). La mezcla de sabores estaba genial, pero el huevo estaba más a la plancha que otra cosa y creo que la ensalada sobraba.

Papas rellenas, ensalada de aguacate y el habanero

En la carta también podéis encontrar carnes y mariscos, algunos sándwiches, acompañantes extras y cosas tan variopintas como "jamón ibérico de bellota" (muy típico de Cuba...).

Los postres son todos bastante parecidos pero cocinados de distintas maneras, y nosotros decidimos probar el coco rallado con queso. De buenas a primeras la combinación me pareció de lo más extraña, pero, a pesar de ser bastante empalagoso, reconozco que nos gustó.

Coco rallado con queso: ¡no me quedo sin postre!

Para finalizar la velada pedimos otro Cubanero (dice Tony que como cerveza no estaba mal) y un mulata (un cóctel a base de ron, crema de cacao, limón y azúcar), y estuvimos escuchando un buen rato la actuación de música en directo (ojalá más sitios con tan buenos músicos amenizando la cena).

El cóctel y la cerveza, para acabar la noche contentos, ¡jeje!

Todo esto nos salió por 21€ cada uno, y teniendo en cuenta el cóctel y el extra de pan (y mantequilla...), tampoco me parece excesivo, aunque sí un poco subido de precio.

Es destacable la amabilidad del servicio, ya que en todo momento estuvieron pendientes de nosotros y e hicieron que pasáramos una noche de lo más agradable.

Valoración general: un 7.5. Estaba todo muy bueno y lo pasamos realmente bien, pero creo que es algo caro y que deberían mejorar muy mucho la presentación de los platos (por favor, no más ensaladas sin ton ni son) así como la vajilla y mantelería que le dan un aspecto viejuno. A pesar de todo, creo que volveremos a vernos muy pronto ^^

¡Hemos acabado! ¿Qué os ha parecido? Creo que la experiencia mereció la pena y os recomendaría ir aunque solo sea para escuchar un rato buena música y a tomar unos mojitos.

¡Muchos besos a todos y nos vemos en la siguiente entrada! :*

Carolina

jueves, 31 de diciembre de 2015

YAKITORO

¡Felices fiestas!

¿Cómo lleváis las navidades? ¿Mucho langostino o sois más de fuente de ibéricos? Por desgracia a mí este año solo me dejan librar en Reyes, pero aún así estoy disfrutando mucho de estos días de familia y comilonas. Y he debido de ser bastante buena porque ya ha caído algún que otro regalito, ¡jeje!

Prácticamente todos tenemos en estas fechas tan señaladas alguna comida/cena de Navidad con los compañeros del trabajo, universidad, etc, y aunque no siempre son de nuestro agrado, a veces resultan estupendas. Hoy os voy a hablar de este último caso: una cena "universitaria" con Álvaro y Mariú, con los que recientemente estuvimos en el Kim Bu Mbu.

Esta vez el restaurante elegido fue el Yakitoro, un espacio de cocina fusión (tradicional española y japonesa) regentado por el archiconocido chef Alberto Chicote. Lo encontraréis en la calle Reina 41 (metro Gran Vía L1 y 5, o Banco de España L2) y os aconsejo echar un vistazo a su web donde, entre otras cosas, tenéis fotografías y la carta con precios.

Es muy recomendable que planeéis vuestra visita con bastante antelación (nosotros hicimos la reserva dos meses antes) ya que siempre está lleno y, aunque dejan unas mesas para los que van sin reserva, es muy difícil encontrarlas libres. Podéis reservar online y por teléfono.

Antes de entrar al restaurante en sí, hay una zona con mesas altas y plantitas que nos vino estupendamente para hacernos la primera foto, ¡jeje! (Y si alguno de vosotros fumáis, ahí podéis hacerlo sin problemas).

Álvaro, yo, Tony y Mariú con caras de hambre :D

La decoración del restaurante me sorprendió bastante ya que descubrimos un mini Darth Vader con tarjetas junto a unas paredes y techo de lana de roca o similar (Álvaro y yo, arquitécnicos por defecto, nos quedamos flipando con esto último). Las mesas son grandes y espaciosas con una curiosa cubitera encastrada en medio, pero las sillas no nos gustaron especialmente ya que algunas tienen respaldo y otras no. ¡Ah! Y seguro que no os pasan desapercibidas las parrillas centrales donde se ve cómo preparan muchos de los platos.

También es llamativo el uniforme de trabajo de los camareros: un mono verde como del ejército pero que más bien parece de recluso de trabajos forzados... Ya que hablamos del staff, os diré que a todos nos llamó la atención el gran número de cocineros y camareros que había (y todos muy jóvenes). Y eso sí que me gustó: vivan los restaurantes con un montón de personal que no para de un lado a otro y que se preocupan de que todo esté siempre perfecto, ¡vivan!.

Una vez instalados en nuestra preciada mesa, la camarera (Leticia, si mal no recuerdo) nos explicó cómo va la carta y nos dio un par de consejos. Cada yakitoro (salvo excepciones) trae dos raciones, es decir, dos brochetas,  por lo que nos aconsejó pedir dos de cada cosa que quisiéramos probar; y como nosotros somos muy bien mandados, seguimos su consejo, discutimos un buen rato qué pedir y nos preparamos para la acción.

 Comenzamos con una ensalada de escarola y granada con salsa de yogur (muy de Navidad e igualita a la que hacía mi madre), dados de berenjena en tempura (de lo que más me gustó) y ceviche de corvina (riquísimo el pescado pero con demasiada leche de tigre que no supimos si tomarnos o no).

De arriba a abajo: ensalada de escarola, dado de berenjena y ceviche de corvina

La siguiente tanda fue más carnívora y con texturas muy curiosas: filete ruso al pimentón (pedimos que fuese poco hecho y clavaron el punto), pollo frito crujiente (iba acompañado de una "salsa agridulce cañí" que fue de las más aclamadas de la noche) y pollo y papa canaria con mojo rojo (un clásico al que es toque "fusión" le sentaba estupendamente).


De arriba a abajo: filete ruso, pollo frito y pollo con papas canarias

La carta es una auténtica maravilla y me quedé con ganas de probar un montón de cosas, pero creo que hicimos muy buenas elecciones y todos quedamos muy, muy satisfechos.

No nos podíamos ir sin probar los postres. Lo cierto es que hay un montón y todos la mar de interesantes y distintos de lo habitual, pero nosotros fuimos a tiro hecho: lingote de chocolate blanco, mango y helado de miel (el lingote estaba tremendo, pero el helado de miel sabía a vainilla), y tarta de queso (nos la ofrecieron fuera de carta y no nos pudimos resistir a pedirla). Los dos postres me gustaron mucho, pero la próxima vez quiero pedir algo más arriesgado.

Lingote de chocolate blanco (izq.) y tarta de queso (dcha.)

Como veis fue una cena estupenda, abundante y distinta a lo esperado :)

Quizá la gran sorpresa de la noche llegó a la hora de pagar: 70€ (bebidas incluidas), es decir, que no llegó a 18€ por persona. Increíble, ¿verdad? Sin duda, el Yakitoro es de los mejores ejemplos de que se puede comer fenomenal a un precio completamente asequible.

Por añadir algún detalle os puedo decir que nos encantó la música (creo que los cuatro llevamos el rock en los genes) y que, aunque parezca una broma, tenéis que entrar a los aseos porque son muy curiosos (creo que me enamoré de los espejos y los lavabos nada más verlos, ¡jaja!). También destacar que el local tiene una luz perfecta para hacer fotos y que durante el día debe de ser una maravilla la luz que entre por los grandes ventanales.

Solo un par de cosas me dejaron un regusto amargo. Por una parte nuestra camarera estuvo todo el rato muy atenta a nuestras peticiones, pero también tengo que decir que los que nos traían los platos a la mesa ni se preocupaban en decirnos qué nos traían y lo dejaban todo en el borde para irse de nuevo corriendo; detalle feo, feo. Por otra parte, tampoco nos gustó la desorganización general de la sala: muchas mesas sin recoger, platos amontonados, el horrible D10 (o algo parecido) rulando de una mesa a otra sin encontrar su sitio junto a bayetas arrugadas... De nuevo detalles feos.

Valoración general: un 9.5. Sin duda alguna, la calidad y el sabor de los platos, así como el precio, merecen muchísimo la pena. El Yakitoro se ha convertido en uno de mis imprescindibles, y si no le doy el 10 es por esos pequeños detalles que he comentado más arriba.

¿Qué os ha parecido la última entrada del año? ¿No os han entrado mogollón de ganas de ir y probarlo todo? ¡Yo estoy deseando volver ya! Hay que agradecer a Chicote que haya creado este espacio tan increíble y, sobre todo, que esté al alcance de (casi) todos los bolsillos. ¡Ojalá hubiese más sitios así!

Y con este descubrimiento "fusión" me despido del 2015, un año que me ha traído un montón de oportunidades y descubrimientos culinarios, y que me ha encantado compartir con todos vosotros. Ya acumulamos más de 30.000 visitas y todo ellos gracias a vosotros ^^

Un beso muy, muy grande a todos y que el 2016 os traiga de lo bueno, lo mejor.

Carolina.

Álvaro, Mariú, yo y Tony felices y con el estómago lleno :)

martes, 24 de noviembre de 2015

KIM BU MBU

¡Hola, hola comilones!

¡Qué frío! Siempre empiezo comentando el tiempo, pero es que a mí estos cambios de calorcito de terraceo a viento gélido invernal ¡me desesperan! Eso sí, la buena compañía y el apetito que no falten :)

Sin tener más que celebrar que la felicidad de la vida, organicé una cena con Álvaro, Mariú y Tony, y buscando algo distinto encontré esta maravilla. ¡Haced las maletas que nos trasladamos de continente!

Os presento el Kim Bu Mbu (siento decir que no sé si se escribe así realmente porque lo vimos de varias maneras), un restaurante de lo más exótico donde podréis degustar la gastronomía de África con un toque moderno realmente interesante. Se encuentra en la calle Colmenares 7 (metro Banco de España L2 y Chueca L5) y no tienen página web, ni de Facebook, ni nada similar, por lo que si queréis saber más de él, nada mejor que hacerles una visita.

La decoración es tan cuidada y original que os dejará boquiabiertos, y si sois unos frikis de los muebles como una servidora, lo vais a disfrutar más aún.

La falta de luz desmejora la foto, pero aún así sorprende, ¿verdad?

Sin duda el local es realmente acogedor y por un rato te transporta prácticamente a la misma sabana. Las sillas tiene ruedas y están diseñadas de tal manera que encajan perfectamente dentro de la mesa y permiten crear un amplio espacio cuando no se está usando la mesa. Además, disponen de un amplio cajón bajo el asiento donde puedes dejar el abrigo y el bolso sin molestar al resto de comensales.

A pesar de conocer un poquito la cocina egipcia, siria, etíope y alguna más, nos decidimos a pedir el menú degustación, ya que por 21€ íbamos a poder probar entrantes, principales y postres, y además incluía pan, bebida y café.

Para comenzar nos trajeron dos ensaladas: una de papaya, espinacas y aguacate, y otra templada con manzana, col y queso frito. Ninguna de las dos me sorprendió especialmente ya que me creo que les faltaba algo de aliño, aunque reconozco que la mezcla de las espinacas con la papaya me gustó bastante.

Nada mejor que unas ensaladas para ir abriendo boca

Los siguientes entrantes fueron batswana de maíz con alcachofas (me encantó el punto de las alcachofas) y patatas en salsa curry (que fueron unas de las triunfadoras de la noche, ¡qué ricas!).

En la foto no se aprecia, pero las bandejas eran tan largas como mi brazo

Aunque parezca mentira, la cena no ha hecho más que empezar: ¡que pasen los principales!

Según la foto inferior y de izquierda a derecha y de arriba a abajo comimos: pollo con pipas de calabaza (quizá el que menos me gustó), gambas con mango y batata dulce (riquísima mezcla y la batata de sobresaliente), ternera guisada con sésamo (lo que más me gustó, tanto por el sabor de la ternera como por la elaboración) y cuscús de cordero (cuscús perfecto y con muchísimo sabor, ojalá a mí me saliese tan bien en casa ¡jeje!).

La mesa parecía un tetris, pero no dejamos nada de nada, ¡qué bueno todo!

Y sí, aún teníamos espacio para postre, ni más ni menos que cuatro delicias por las que ¡casi tenemos que salir rodando del restaurante! Empezando por arriba y en sentido horario podéis ver en la siguiente foto: piña con bolitas de coco (la piña me da alergia, pero aún así la probé y junto con el coco hacían una buena mezcla), natillas de plátano (a pesar del aspecto, fue lo que más me gustó: súper original y deliciosas), crujiente de compota de frutas (no me gustó: tenía granos de café que no me pegaban mucho con el resto del plato y la compota no estaba muy allá, pero a mis acompañantes les satisfizo) y crema de mango (mango con mango, perfecto para los amantes de esta fruta). Podíamos haber comido cada uno un postre, pero no somos especialmente escrupulosos y cuchara en mano acabamos hasta con los granos de café.

Sigo flipando con el tamaño de los platos...

Además de todo esto, Álvaro y Tony se tomaron un pero a nosotras ya no nos cabía ni un suspiro.

Si hay algo que no me gustó fue el trato del camarero: no llegó a ser borde en ningún momento, pero nos dejaba los cubiertos tirados encima de la mesa, le pedimos que nos explicara lo que estábamos comiendo y se limitó a decirnos el nombre de los platos y en ningún momento le vimos sonreír ni dirigirnos una palabra amable. A las 23:30 nos trajo la cuenta sin haberla pedido (no éramos los únicos en el restaurante ni mucho menos) y en cuanto pagamos empezó a limpiar nuestra mesa por lo que nos tuvimos que marchar.

Tampoco me gustaron los aseos: estaba decorados acorde con todo lo demás y bastante limpios, pero donde tenía que haber un lavabo había un grifo mal puesto y un folio pegado a la pared que rezaba "lavabo". Además, por lo que me contaron los chicos, el aseo de caballeros no dejaba lugar a la intimidad, lo que en a menudo puede ser algo violento.

Otra cosa que no nos gustó fue la iluminación: está claro que tienen que ambientar el local de una forma original y "étnica", pero tuvimos que sacar el móvil para leer la carta y ni que decir tiene que las fotografías de la comida están hecha con flash además de la linterna de otro móvil. En la primera fotografía podéis ver lo poco iluminado que está el restaurante.

Y ya para finalizar añado que, en los tiempos en los que estamos, no tener página web es un completo atraso: no pido que tengan una página preciosa y llena de fotografías y explicaciones, pero estaría bien que indicaran el teléfono, el origen de los platos, etc.

Valoración general: un 9, porque a pesar de todo lo mencionado, la comida estaba deliciosa, las cantidades eran más que generosas, y aunque no hubiésemos pedido el menú degustación, podríamos haber comido igual de bien y por un precio más que aceptable.

¿Qué os ha parecido? ¿Os han entrado ganas de hacer un viajecito y probar todas estas cosas en su lugar de origen? Sí, a mí también, así que seguiré echando la primitiva, ¡jeje!

Desde aquí quiero mandar un beso grande, grande tanto a Álvaro como a Mariú, porque compartir mesa con ellos fue súper divertido y tengo mogollón de ganas de ganas repetir :)

¡Y con muchos de vosotros también, bloggers! A ver cuándo me vais dando cita que me apetece mucho ir subiendo entradas con todos ustedes ^^

¡Un abrazo a todos y abrigaos bien!

Carolina.

En realidad somos mucho más guapos, pero al menos se nos ve felices y gorditos xD

miércoles, 30 de septiembre de 2015

TAXI A MANHATTAN

¡Feliz otoño bloggers!

¿Qué tal la vuelta al cole? A mí me ha costado horrores, sobre todo el retorno de los madrugones, pero al menos empiezo con muchas ganas y entusiasmo :)

Ya que la última entrada fue un poco distinta a lo que os traigo habitualmente, hoy os voy a enseñar uno de los sitios más increíble que podáis encontrar en Madrid. ¡Abrochaos los cinturones que arrancamos!

Os presento el Taxi a Manhattan, un restaurante de lo más cool en pleno centro financiero de Madrid. Se encuentra en la calle Basílica 17 (metro Nuevos Ministerios L6, 8 y 10) y tienen una web maravillosa donde podéis consultar la carta, precios, hacer reservas, cotillear fotos, etc.

Conocía este sitio por una amiga de la uni que había ido un par de veces y fue toda una alegría cuando Tony decidió darme la sorpresa de ir para celebrar mi cumpleaños junto con mi padre. Para que todo saliese a la perfección llamó con unos días de antelación para reservar una mesa "especial", pero por desgracia cuando llegamos al restaurante habían "traspapelado la reserva" y no teníamos sitio. Mi cara de disgustó debió de ser un poema ya que cuando nos disponíamos amarcharnos nos dijeron que podían hacernos un huequito en la terraza. Obviamente mi cara pasó de :__( a :D, ¡jeje!

El local por dentro es espectacular: tanto por sus amplios espacios, como por su decoración moderna con un toque industrial, como por el buen ambiente que se respira, como por... bueno, todo en general. Me encantó todo mucho y me enamoré de los mil y un neones.

No falta detalle, ¿verdad?

Aunque os pueda parecer un restaurante americano más, os va a sorprender la carta tan interesante que tiene. Vais a encontrar unos entrantes para chuparse los dedos, espectaculares carnes e incluso algo de la gastronomía asiática, italiana y latina.

Nosotros decidimos empezar la noche con unos huevos trufados con patatas paja y virutas de ibérico, ya que parecía un plato al gusto de los tres pero con un toque elegante. ¡Y acertamos de lleno! Sin duda fue uno de los triunfadores de la noche tanto por el sabor como por el tamaño: nos encantaron, no dejamos ni una patatita.

¡Madre mía! ¡Quién pillara ese platazo de nuevo!

A continuación vinieron los principales.

Mi padre, que es más tradicional que un schotis, pidió el lomo de buey al carbón y resultó exquisito: perfecto el punto de la carne y un sabor de quitar el hipo. La única pega es que no nos avisaron de que llevaba guarnición de pimientos y a mi padre el pimiento le sienta fatal. Como ya no se podía hacer nada, los apartó, pero ya sabéis que una vez que el pimiento toca otro alimento, éste se impregna de su sabor, por lo que no disfrutó al 100% de su plato.

¿Por qué gustarán tanto los pimientos?

Yo elegí los tacos de salmón, pero no quedaba, así que al final escogí el tartar de atún con aguacate. Adoro el pescado crudo y adoro el aguacate, así que os podéis imaginar lo que disfruté con el tartar. Rico, rico, rico. Una textura magnífica y el aderezo una delicia. Cuando volvamos, es probable que repita, ¡jeje!

Lo veo y se me hace la boca agua

Y Tony se decidió por el ceviche de corvina y langostino con leche de tigre. Me gustó mucho porque la leche de tigre no le robaba el protagonismo al pescado y se podían distinguir todos los sabores. De nuevo, un acierto.

Aunque la presentación no me convence, el ceviche estaba de escándalo

Y sí, tomamos postres, que una comida o cena sin dulce no sabe igual. El camarero que no atendió (un chico con acento ¿andaluz? súper amable y atento) nos recomendó el fresamisú, que como os podéis imaginar, es como un tiramisú pero con fresa. Además, para satisfacer todos los paladares presentes, pedimos un coulant de chocolate.

Lo cierto es que no sabría con cuál quedarme: ambos estaban deliciosos, nada empalagosos y a la perfecta temperatura (sí, odio que las cosas lleguen a la mesa excesivamente frías o calientes).

Fresanisú, coulant. Coulant, fresamisú.

Cositas que añadir: que como ya he dicho antes nos atendieron estupendamente y con mucha diligencia, que a pesar de todo la terraza resultó de lo más agradable y que estoy deseando volver, ¡jeje! La relación calidad precio me parece genial ya que por una cena como la nuestra podéis salir a unos 25€ por persona (incluyendo pan y bebidas), así que más ajustado no puede estar. Además, si vais a diario tenéis menú del día (por 12€ si no me falla la memoria) y también os podéis tomar una copa o un cocktail después del trabajo o antes de salir de fiesta.

Valoración general: un 9. Fue una noche magnífica, la comida me dejó boquiabierta y el precio mucho mejor de lo que esperaba, pero el fallo de la reserva no me deja darles el 10 que me hubiese gustado.

Y aquí se acaba la entrada de hoy. Espero que os haya gustado, que os haya abierto el apetito y que si tenéis ganas de ir a un restaurante cool y atrevido le deis una oportunidad a Taxi a Manhattan, ¡merece la pena!

Un beso grande a todos y nos vemos en la próxima entrada.

Carolina.

Así de feliz acabé la noche. Mil gracias a Tony y a mi padre por hacerla tan especial ^^